miércoles, 21 de febrero de 2018

Violentamente triste.

¿Nunca se preguntaron cómo es que llegaron a este punto?

Es decir, yo tengo bastante aceptado que estoy enferma, lo sé aunque no me hayan diagnosticado. Pero lo que siempre me da vueltas son las razones por las que enfermé. Soy una persona que, podría decirse, es bastante madura con respecto a su anorexia, por eso siempre rebusco en mi pasado los momentos dolorosos que busco tapar con mi trastorno alimenticio.

Por un lado, el bullying excesivo que sufrí durante mi infancia hacia mi cuerpo: un sinfín de cosas horribles que tenía que escuchar todos los días (durante años) hasta el punto de romper a llorar, y que hoy en día me acompañan en mi mente a la hora de verme al espejo. Los fantasmas del pasado, de esas cosas que me decían, hoy en día me las digo a mí misma.
Por otro lado, mi familia, mis padres, y en especial, mi madre. Mis padres durante mi infancia no me trataban bien, pensaban que las cosas me las tenían que hacer entender a los golpes (y yo era una nena bastante pacífica, así que a veces no entiendo por qué me golpeaban tanto en vez de hacerme entender las cosas con un diálogo). Pero de mis progenitores, el verdadero monstruo siempre fue mi madre. Sus maltratos psicológicos y físicos (aunque especialmente psicológico) nunca me dejaron en paz en mis casi diecinueve años con vida. Las constantes exigencias que recibí (y recibo), la ignorancia hacia mi salud mental, las infinitas denigraciones que escucho a diario. La ignorancia de mi padre, que no hace nada para ayudarme. Sí, mi casa es un infierno. Y a veces, el único botón que tengo que tocar para sentirme bien es el que está al final de mi garganta. A veces, la mejor forma de expresar mi disgusto hacia mi propia vida es dejar de comer y adelgazar en silencio, aunque nadie lo note.

Perdón, este post es bastante personal, pero no tengo con quién hablarlo. Nadie entiende la anorexia de la forma que lo hacemos nosotras. Es fácil no sentir empatía por mí y decirme "por un día que no vayas al gimnasio no pasa nada", sin saber que es el fin del mundo para mí; "no le prestes atención a tu vieja" cuando el otro no tiene idea de lo que tengo que sufrir todos los días, sin posibilidad cercana de irme de mi casa.

Y por cierto, estoy pesando 54,5. Voy bien, a fin de mes probablemente haya llegado a 54.

Cambio y fuera.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Canté victoria muy pronto.

En mi anterior entrada escribí acerca de mis grandes avances en enero. Pero este blog sería una mentira si no escribiese mis decaídas también.
Como ustedes saben, estos últimos días fueron de carnaval en Latinoamérica. Hubo muchos días no laborales y salí todos ellos. A pesar de que me intenté cuidar lo mejor que pude, varios días de comida chatarra y mucho alcohol no se hicieron esperar.
A pesar de todo, hoy retomo la rutina desayunando un té blanco y con mucho tiempo para ejercitar en el gimnasio. No quiero pesarme hasta volverme a sentir deshinchada otra vez, así que de momento estoy buscando ideas y dietas para poder desincharme.

Sumado a todo esto, al haber dejado las pastillas anticonceptivas ya voy por una semana de retraso. Eso me tiene preocupada, aunque para mi suerte no hice nada de lo que me pueda embarazar mientras tanto. Pero durante esta espera para mi menstruación, siento todos los síntomas del mismo: me siento hinchada, con más hambre, etcétera.
Espero que haya valido la pena y que me ayude a adelgazar más. Sino voy a tener que exigirme mucho más.

Por último, les quiero contar que en menos de un mes empiezo la facultad y en este caso arreglé todos mis horarios para no tener que estar a la hora del almuerzo en mi casa, el problema es que no puedo ayunar porque la cantidad de cosas y de ejercicio que hago me reclaman tener cierta energía, así que, la caja de comentarios está abierta a sugerencias y dietas.


viernes, 2 de febrero de 2018

Nuevo año, nuevas metas.

Durante todo el 2017, pesando alrededor de 59 kilos (y midiendo 1,69) no logré llegar más allá de 56,5 kg. En parte, supongo, por haber empezado la facultad y tener un montón de problemas más que resolver antes que prestarle atención a mi peso. Aún así, pasé todo el año sintiéndome horriblemente gorda. Ayudaba mucho a sentirme así mi ropa: la ajusté cuando pesaba muy poco y a penas me entraba. Además, creo que haber comenzado a tomar pastillas anticonceptivas tuvo algo que ver.

A fin de año, tomé la decisión que esto no podía seguir así. Tengo que adelgazar. Tengo que dejar las pastillas anticonceptivas. Tengo que comer menos. 

Y así fue como desde el primero de enero empecé mi eterna dieta. Volví a contar calorías, a restarles las que quemo en el gimnasio, y hace una semana dejé de tomar las anticonceptivas, ya que llegué a la conclusión de que me impedían seguir bajando de peso.
¿Cuál fue mi logro en enero? Bajar de 58/59 a 55 kg. 
Estoy bastante orgullosa de mí porque no creí que iba a poder lograrlo, de hecho, me había establecido una meta "realista" de 56 kilos o quizás 57.

Y la ropa otra vez me empieza a quedar bien.

Y la gente otra vez empieza a notar que estoy delgada.

Este año es mi año. Nadie va a pararme.



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